Archivo mensual: marzo 2011

Currículum solidario

La próxima generación, o lo que es lo mismo nuestros hijos, vivirán peor que nosotros. Al menos eso es lo que nos vienen diciendo desde hace un tiempo. La crisis económica será tan larga y de consecuencias tan graves que los que hoy se preparan para salir al mercado laboral no disfrutarán de nuestro ya de por sí maltrecho bienestar social. Ante eso, ¿protestan? ¿inventan un nuevo modelo? ¿se rebelan? ¿les queda espacio para pensar en los que se han quedado sin nada y seguirán con menos de nada?

Muchas voces dicen que no. Los del vaso medio vacío opinan que los jóvenes viven ajenos a la injusticia social que campa a sus anchas. Pero ahí están los del vaso medio lleno para contraatacar. Los jóvenes se indignan en la misma medida que lo hacen los mayores y, sobre todo, canalizan esa rabia en el nuevo rey de reyes: las redes sociales. En torno al tema ha habido esta semana una discusión muy curiosa a través del blog de Gonzalo Fanjul –‘3.500 millones. Ideas irreverentes para acabar con la pobreza’– que, desde aquí, os recomiendo. Bajo los sugerentes títulos ‘¿Por qué los jóvenes españoles no se indignan? y ‘Jóvenes inquietos e indignados’, el profesor de la Universidad de Comillas Carlos Prieto y la directora de campañas de Intermón Oxfam, Irene Milleiro, muestran cara y cruz. Y los jóvenes han reaccionado. Vaya si lo han hecho. Daos una vuelta por los comentarios.

Más allá de la sana discusión, lo cierto es que tengo que dar la razón a Carlos Prieto cuando dice que la solidaridad no forma parte de nuestro curriculum vitae. Y debería. ¿Aprendemos -o mejor dicho, nos enseñan- desde pequeños el significado de la solidaridad? ¿nos forman más como profesionales de éxito que como personas de éxito?  ¿las universidades deberían parir ciudadanos críticos y comprometidos (además de eso tan cursi de “de aquí saldrán los líderes del mañana”)?

Universidades como la de Comillas o País Vasco -incluida la privada de Deusto-están empezando a apostar porque los universitarios tengan más contacto con entidades sociales y participen más en la mejora de su comunidad (más cercana o lejana pero no virtual). Yo que queréis que os diga pero me parece una iniciativa de lo más acertada. Con suerte, quizás hasta las generaciones futuras empiecen a entender la economía de otra manera…


Racismo globalizado

Dos noticias separadas en lo físico, una ocurrida en Bilbao y otra en Libia me han hecho reflexionar sobre lo circunstancial que puede llegar a ser el rechazo a los demás y, por lo tanto, lo absurdo. Si soy capaz de entenderme y hasta de hacer causa común con una persona en un lugar y momento, ¿por qué no me quedo con esa esencia siempre? ¿por qué esa ‘magia’ desaparece? ¿por qué la cotidianeidad viene a separar lo que ha unido la supervivencia?

Viñeta humorística de www.e-faro.info

Viñeta humorística de http://www.e-faro.info

Esta semana en Bilbao, SOS Racismo ha demostrado que somos más racistas de lo que creemos o que somos tan racistas como creíamos que podíamos llegar a ser. No lo sé muy bien. A tenor de todos los comentarios que he leído, diría que estamos convencidos de no tener más remedio. Algo así como ‘soy racista porque el mundo me ha hecho así’. No encontramos más salida. Ellos nos han obligado. Los inmigrantes tienen la culpa de nuestro paro, nuestro tijeratazo en las ayudas sociales, nuestra inseguridad, nuestra pérdida de identidad y hasta (es el colmo) de nuestros sentimientos de rechazo.

Así que en la supervivencia, los indeseados se unen. Magrebíes y subsaharianos, africanos todos, prueban que para ellos tomar una copa en un pub en nuestro botxito (dicen en Canarias que pueblo chico, infierno grande) es misión casi imposible. No son bienvenidos ni por el dueño del local ni por sus clientes. Juntos tocan puertas, juntos reciben el no, juntos piden explicaciones, juntos certifican que no son aceptados.

Dejamos Bilbao para trasladarnos a Libia. Primera sorpresa (al menos para mí): los libios no se consideran africanos, eso es para los negros. Ups, empiezan las diferencias en lo cotidiano: “Digo africanos porque a pesar de que Libia está en África, según mi hermano, a los negros les llamaban “africanos”. No me sorprendió mucho esta revelación porque, años atrás, siendo yo estudiante de Letras en la Universidad de Dakar, participé en un festival de teatro estudiantil en Casablanca, junto con estudiantes de muchos otros países de Europa y América Latina. Los estudiantes marroquíes con los que establecimos amistad nos preguntaban con toda amabilidad: qué tal África. A lo cual, no sin cierta perplejidad, respondíamos que bien, gracias”.

Viñeta humorística de www.e-faro.info

Viñeta humorística de http://www.e-faro.info

Las comillas y cursiva son para Mama Diédhou y su artículo de opinión en Guinguinbali. La joven cuenta lo que significa ser negro en Libia. Y desde luego, no parece que sea caminar de la mano con una persona magrebí.

¿Se habrán encontrado en la noche de Bilbao un negro y un libio queriendo entrar en un bar?, ¿se habrán considerado africanos ambos?, ¿o sólo inmigrantes?, ¿o sólo excluídos?

PD. Me he reído un rato admirando el arte de sacar humor a cosas muy serias en www.e-faro.info


Tus vaqueros producen silicosis

Cartel de la campaña contra el sandblasting de SETEM

Cartel de la campaña contra el sandblasting de SETEM

Nunca deja de sorprenderme la responsabilidad que tenemos en muchas de las desgracias que aquejan a los países del Sur. Nunca deja de avergonzarme cuanto sufrimiento causamos en África, Asia o Sudámerica para disfrutar de cosas realmente superfluas. Esta semana SETEM ha presentado una campaña para que las grandes marcas de ropa se comprometan a no utilizar la técnica del sandblasting para envejecer los vaqueros.

Sí, colega, siento comunicarte que muchos de esos pantalones vaqueros tan monos que todos llevamos aquí en el Norte producen silicosis allá en el Sur. Porque claro, por aquí arriba ya lleva años prohibido utilizar un chorro de arena a presión para ir a la moda. No queríamos destrozar nuestros pulmones. Para eso, nos fuimos a otros sitios como Turquía o Bangladesh, India y China. Para que nuestros vaqueros nuevos parezcan desgastados nada como un trabajador que, a pelo y sin protección, echa un buen chorro de arena. La consecuencia: 5.000 enfermos de silicosis sólo en Turquía. La solución: erradicar la técnica aunque las grandes marcas no parecen estar por la labor.

De todas maneras, ni siquiera me atrevo a recomendarte que compres un vaquero original porque posiblemente esté confeccionado por un menor. En fin, un asco. Parece mentira, ¿verdad?


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