Archivo mensual: abril 2011

¡Que no te confundan! Vienen a trabajar

Imagen obtenida de www.denuncia-social.com y tomada en un municipio alavés

Imagen obtenida de http://www.denuncia-social.com y tomada en un municipio alavés

Ya lo tengo claro. Una cosa son los anuncios en la televisión llamando al hermanamiento y buen rollo entre razas y otra los estudios a pie de calle. Cuando uno se siente libre para responder, cuando la pregunta es anónima y la respuesta no puede generar represalias… pasa esto. Uno de cada tres inmigrantes asegura que ha recibido insultos racistas en Euskadi. La Dirección de Inmigración del Gobierno vasco ha hecho un estudio para finalmente llegar a la conclusión de que “el racismo es una realidad incipiente en Euskadi a medida que la crisis se prolonga”. Bienvenida la conclusión e incluso el aviso a navegantes pero un poco tardío todo, ¿no?

¿Por qué no se han tomado medidas antes? ¿Por qué no se hace un poco de pedagogía para enseñar que esta gente viene a trabajar y que no creo que -en su inmensa mayoría- les interese vivir de ayudas sociales? ¿Por qué no se combate eficazmente la falsa creencia de que los inmigrantes han contribuido al empeoramiento de nuestra calidad de vida?

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El maltrato sutil


Dedicatoria formal a una cuidadora informal

Durante los últimos días he conocido, coincidido y entrevistado a personas que cuidan a otras personas. Se les llama ‘cuidadores informales’ en el sentido en que son familia del enfermo al que tratan de hacer más llevadero su mal sin cobrar ningún salario. A mí me gusta más cuidador ‘no profesional’ porque la labor que  realizan, la verdad, es de lo más formal.

Sin esa formalidad de los ‘no formales’ el Estado tendría que gastarse algo así como entre 25.000 y 40.000 millones de euros en concepto de horas de trabajo. Es decir, que cerca del 4% del PIB está en manos de todas esas personas (en su mayoría mujeres, la verdad sea dicha) que silenciosamente, sin pedir ayuda y quejándose muy poco cuidan de su madre con Alzheimer, su pareja con Parkinson o su hijo con esclerosis múltiple, por poner algunos ejemplos.

Los cuidan incluso a costa de su propia salud y ante la impávida indiferencia de gran parte de la sociedad. Alguien me dijo el otro día: “Sí, sí, los cuidadores damos mucho pena, pero ahí queda”. Este post está dedicado a esa persona. Porque me concedió una entrevista a pesar de sus propias dificultades, porque me habló con las tripas y porque retrata con crudeza qué siente una persona cuando le dan una noticia que ni en dos vidas podrías aceptar.

Y sobre todo, se lo dedico, porque me impresionaron sus ojos a ratos tristes, a ratos rabiosos, a ratos angustiados, a ratos enfadadados, a ratos desesperados, pero siempre transparentes.


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