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El Vórtice de Daniel Canogar

A quien tenga la suerte de andar por Madrid viviendo, deambulando o turisteando le recomiendo que se de un salto por la Fundación Canal para ver la última muestra de Daniel Canogar  ‘Vórtices’, todo un canto funebre y rabioso a la cultura del plástico, del usar y tirar, del desecho masivo. Canogar se ha basado en la existencia real del gran vórtice de basura del Pacífico (The Great Pacific Garbage Vortex) para parir unas obras que son todo un alegato visual en contra de las barbaridades que estamos haciendo con el medio ambiente.

The Great Pacific Garbage Vortex

The Great Pacific Garbage Vortex

Obra 'Vórtice' de Daniel Canogar

Obra 'Vórtices' de Daniel Canogar

La exposción invita a reflexionar, entre otras cosas, acerca de las tres formas más antiguas, más efectivas y menos agresivas de reciclar: aprovechar la materia prima de un objeto para fabricar otro, volver a utilizar un objeto con el uso para el que fue concebido y readaptar un objeto que ya no tiene utilidad un uso diferente al original.

Si vivimos de espaldas a esto, acabaremos como en una de las instalaciones de Cadogar, arrastrados por el desagüe.

Obra 'Caudal' de Daniel Cadogar

Obra 'Caudal' de Daniel Cadogar


Comprar, tirar, comprar

Imagen del vertedero tecnológico de Agbogbloshie en Ghana del fotógrafo Álvaro Ybarra Zavala

Imagen de Álvaro Ybarra Zabala para la revista XLSemanal (julio 2010)

La semana pasada La2 ofreció un espectacular reportaje sobre la obsolescencia programada, un término que suena fatal, la verdad, pero que no es más el nombre fino de eso que nuestros padres (y muchas veces nosotros mismos) hemos expresado coloquialmente: parece que los productos que nos rodean están fabricados para no durar demasiado.

‘Comprar, tirar, comprar’ de Cosima Dannoritzer convierte esa sensación, ese parecer en realidad y detalla el proceso por el cual los fabricantes de tecnología deciden qué tiempo exacto van a funcionar nuestros móviles, impresoras, ordenadores, televisores, lavadoras y un largo etcétera.

Y si esa parte del reportaje es realmente interesante, lo que acaba de poner los pelos de punta es descubrir lo que se hace con todos esos desechos tecnológicos. ¿Lo adivináis? Sí, también van a países en vías de desarrollo. Un ejemplo es el cementerio de Agbogbloshie, en Ghana. La e-basura (colada en el país como productos de segunda mano) campa a sus anchas con el obvio desastre medioambiental.

Lejos de dar la imagen de que no se puede luchar contra esa obsolescencia programada, el trabajo de Dannoritzer llama a la acción. Frente a los dictados de la industria, todavía se puede hacer una rebelión personal. Frente al crecimiento, decrecimiento. ¿Necesitamos todo lo que tenemos? ¿Debemos cambiar de teléfono móvil cada dos años? ¿Podemos reparar muchas de las cosas que desechamos como inservibles?

Mientras le dais algunas vueltas a estas preguntas (y espero se os ocurran nuevas), os invito a que veais el reportaje. A disfrutar.


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