Archivo de la categoría: Periodismo social

La foto de la semana de Unicef

Sopio Gvenetadze y sus hijos en su cada de Kutaisi. Georgia, 2010.

Sopio Gvenetadze y sus hijos en su cada de Kutaisi. Georgia, 2010.

Unos niños trabajando en una fábrica de alfombras en la ciudad de Quetta, Balochistan. Pakistán, 2006.

Unos niños trabajando en una fábrica de alfombras en la ciudad de Quetta, Balochistan. Pakistán, 2006.

Ya sabéis que de vez en cuando me gusta destacar imágenes que hablan por sí solas. Fotografías en las que las palabras pueden adornar, pero que no son lo esencial. Hace unos días descubrí que la ONG Unicef dedica parte de su web a recopilar retratos bellísimos de situaciones terribles bajo el sugerente título de la fotografía de la semana. Así que no os voy a contar mucho más porque lo mejor es que lo veáis.

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Redes sociales para mejorar el mundo

Conocí a Leila Nachawati(@leila_nacha) en la conferencia Nonick en Bilbao de este año. Habló de revoluciones sociales. Más concretamente de cómo en las últimas revueltas de países árabes ha sido fundamental el uso de teléfonos móviles con cámara y acceso a redes sociales como Facebook, Twitter o Youtube y de cómo algunos periodistas -lejos de sentirse desplazados porque ya no controlan todas las fuentes y, por tanto, toda la información- se han abierto a contar lo que pasa con los ojos bien abiertos en las calles pero también en internet.

Leila Nachawati. Imagen extraida de Periodismo Humano

Leila Nachawati. Imagen procedente de Periodismo Humano.

No quiero abrir aquí este melón -el de las nuevas herramientas para seguir ejerciendo el periodismo con honor, honestidad, veracidad, profundidad y profesionalidad-. Lo que sí quiero mostrar es lo que me enseñó Leila. No dista mucho del periodismo clásico: gente denunciando injusticias a una audiencia indeterminada. La única diferencia -aunque tal vez ahora que lo pienso es primordial- es que es la propia gente la que construye el mensaje y lo lanza. No existe el filtro del periodista. Y entendedme. No digo yo que ese relato periodístico no sea bueno y deseable. Simplemente digo que ha dejado de ser necesario siempre. Al menos al principio.

Grandes y pequeñas revoluciones nacidas al margen de los tradicionales medios de comunicación.  Como #women2drive, una iniciativa para denunciar una situación díficilmente asumible en nuestros días. Las mujeres en Arabia Saudi tienen prohibido conducir. La pionera de todas ellas, Manal al Sharif, incluso fue detenida por ejercer su derecho. Lejos de amedrentarse, el 17J se lanzaron a la calle con sus coches y sus teléfonos móviles para simplemente grabarse conduciendo y hacerlo correr por Youtube, Twitter y Facebook.  Y desde ahí a los tradicionales medios de comunicación.

Otro ejemplo es Iraqi Streets 4 Change, un blog de tres jóvenes -entre ellos Hayder Hamzoz, a quien escuché a través de una videoconferencia por Skype- que se ha convertido en un oasis de libertad, rebelión, documentación y casi diría que de periodismo ciudadano. Es posible que Irak ya no salga en los informativos pero está  claro que siguen pasando muchas cosas y que, en ausencia de los tradicionales, hay que seguir contando lo que pasa.

Había dicho que no iba a abrir este melón, pero creo que ya le he dado un buen tajo. ¿Están aprovechando los periodistas las posibilidades que ofrecen las redes sociales para enriquecer su trabajo? Pues intuyo que no.

No sé si las redes sociales acabarán tan mediatizadas como la prensa y los medios de comunicación tradicionales. No sé si dentro de algún tiempo acumularán tanto descrédito como ahora la prensa y los medios de comunicación. No sé en qué momento alguien descubrirá todo su potencial, se dará cuenta de que periodismo y redes sociales pueden formar un mismo equipo.

Ciudadanos de todo el mundo ya están dando lecciones de qué merece la pena ser visto o contado. Y si no, mirad el 15M. ¿Qué opináis vosotros?


De puntillas por Ucrania (V): Lo que más impresiona…ellos y ellas


De puntillas por Ucrania (IV): Pobre Chernóbil

En el museo de Chernóbil se guardan las chapas de las casas deshabitadas tras la catástrofe nuclear en 1986

En el museo de Chernóbil se guardan las chapas de las casas deshabitadas tras la catástrofe nuclear en 1986

Hace unas semanas empecé a contaros mi viaje a Ucrania. Os he hablado de sus contrastes, de las precarias condiciones de vida para muchos de sus habitantes o de cómo la catástrofe nuclear sigue condicionando el presente y, sobre todo, el futuro de mucha gente de mil y una maneras distintas.

172 pueblos fueron desalojados y permanecen hoy en día sin habitar en un área de 30 kilómetros en torno a la central nuclear de Chernóbil

172 pueblos fueron desalojados y permanecen hoy en día sin habitar en un área de 30 kilómetros en torno a la central nuclear de Chernóbil

No se cuántas veces oí y yo misma pensé durante mi viaje ‘pobre crío’, ‘pobre gente’, ‘pobre madre’… y al final, cuando regresé y me senté cómodamente delante de mi ordenador pensé: pobre Chernóbil. Sé que Ucrania no es solo el lujoso Kiev. Ucrania tampoco son solo las aldeas de Irpen, Ivankiv, Dityatkiv, Orane, etc… pero no tengo ninguna duda de que Ucrania en general y Chernóbil en particular serían otras si el 26 de abril de 1986 nunca se hubiese producido.

El famoso parque de atracciones de Pripyat que nunca llegó a inaugurarse

El famoso parque de atracciones de Prypiat que nunca llegó a inaugurarse

En Pripyat cada vez quedan menos resquicios de vida. El tiempo, la vegetación y los saqueos cada vez dan un aspecto más fantasmal a esta ciudad a 2 kilómetros de la central nuclear

En Pripyat cada vez quedan menos resquicios de vida. El tiempo, la vegetación y los saqueos cada vez dan un aspecto más fantasmal a esta ciudad a 2 kilómetros de la central nuclear

Tuve la sensación de que la vida se rompió como un espejo y de que Chernóbil se ha convertido en un gran mausoleo algo macabro. Estatuas, homenajes, recuerdos, museos, objetos, mucho silencio y un infinito dolor. Es una pena que sea tierra contaminada, que no se pueda mandar todo al carajo para construir algo totalmente nuevo que realmente redunde en beneficio de la comunidad.

Kilómetros y kilómetros de tierra perdidos que solo sirven para recordar que todo puede volver a pasar. Millones y millones de euros gastados cada año para no producir nada. Una verdadera sangría para un país con mucha pobreza y un sistema de servicios sociales que no protege a los más débiles porque simplemente brilla por su ausencia.

Los homenajes y ofrendas florales a las diferentes estatuas centraron los actos del 25 aniversario de Chernóbil

Los homenajes y ofrendas florales a las diferentes estatuas centraron los actos del 25 aniversario de Chernóbil

Lo que escribo aquí, en esta ventana personal que es abiertaencanal, es mi viaje sentimental. Esta semana se ha publicado mi otro viaje: el periodístico. No pretendo que sea ni peor ni mejor, ni siquiera más completo. Simplemente es diferente. Otro tipo de relato. Os invito a que los leáis y me dejéis vuestros comentarios.


La belleza real de las mujeres

Hace muy poquito que la fotógrafa sudafricana Jodie Bieber se ha llevado el primer premio a la mejor imagen del año 2010. La organización de World Press Photo ha premiado su denuncia de la violencia contra las mujeres a través del retrato de una joven afgana a la que su marido le cortó nariz y orejas. La impactante pero dignísima imagen ha dado ya la vuelta al mundo y a mí me ha permitido bucear algo más en el trabajo de esta profesional comprometida con las luchas propias de su género. Antes de hacer ‘famosa’ a Bibi Aisha, la fotógrafa se lanzó a reflexionar sobre por qué nos da tantos quebraderos de cabeza nuestro cuerpo. Objeto de deseo y negocio cuando se trata de exhibir el cuerpo femenino, Jodie Bieber reunió en ‘Real Beauty’ a mujeres reales de cuerpos auténticos. Sin artificios, ni adornos, ni photoshop. Solo mujeres. Nada más y nada menos que mujeres.

El trabajo de la fotógrafa sudafricana me hizo también pensar en un reportaje buenísimo que mi blogocompañera Ianire Estébanez subió hace unos días a Facebook. El documental italiano ‘El cuerpo de las mujeres’ -realizado por Lorella Zanardo, Marco Malfi Chindemi y Cesare Cantu- refleja exactamente todo lo contrario. Muestra cuando las mujeres nos convertimos en mera mercancia, objeto sexual, complemento superfluo del hombre, caricatura…en fin, la nada. El trabajo repasa el universo femenino a través de la televisón italiana. Y la verdad es que me inundó una sensación de vacío, asco, pena, indignación y tristeza. No os lo perdáis.


Comprar, tirar, comprar

Imagen del vertedero tecnológico de Agbogbloshie en Ghana del fotógrafo Álvaro Ybarra Zavala

Imagen de Álvaro Ybarra Zabala para la revista XLSemanal (julio 2010)

La semana pasada La2 ofreció un espectacular reportaje sobre la obsolescencia programada, un término que suena fatal, la verdad, pero que no es más el nombre fino de eso que nuestros padres (y muchas veces nosotros mismos) hemos expresado coloquialmente: parece que los productos que nos rodean están fabricados para no durar demasiado.

‘Comprar, tirar, comprar’ de Cosima Dannoritzer convierte esa sensación, ese parecer en realidad y detalla el proceso por el cual los fabricantes de tecnología deciden qué tiempo exacto van a funcionar nuestros móviles, impresoras, ordenadores, televisores, lavadoras y un largo etcétera.

Y si esa parte del reportaje es realmente interesante, lo que acaba de poner los pelos de punta es descubrir lo que se hace con todos esos desechos tecnológicos. ¿Lo adivináis? Sí, también van a países en vías de desarrollo. Un ejemplo es el cementerio de Agbogbloshie, en Ghana. La e-basura (colada en el país como productos de segunda mano) campa a sus anchas con el obvio desastre medioambiental.

Lejos de dar la imagen de que no se puede luchar contra esa obsolescencia programada, el trabajo de Dannoritzer llama a la acción. Frente a los dictados de la industria, todavía se puede hacer una rebelión personal. Frente al crecimiento, decrecimiento. ¿Necesitamos todo lo que tenemos? ¿Debemos cambiar de teléfono móvil cada dos años? ¿Podemos reparar muchas de las cosas que desechamos como inservibles?

Mientras le dais algunas vueltas a estas preguntas (y espero se os ocurran nuevas), os invito a que veais el reportaje. A disfrutar.


Pobre clase media

Hace quince días vi un estupendo reportaje en Cuatro. ‘Pobre clase media’, nueva entrega del programa REC, buceó en casi todos los sitios para trazar un perfil certero del nuevo pobre, ese que hasta hace poco tenía trabajo, piso (más bien hipoteca) y una vida por delante y al que ahora sólo le quedan deudas y vergüenza. Me gustó porque desmonta tópicos y acerca en la desgracia a los de siempre con los nuevos. No es que me alegre. Pero es casi una lección de humildad saber que a cualquiera nos puede pasar, que nadie se libra.  Contribuye a mirar y entender de otra manera realidades que antes nos parecían lejanas, casi imposibles en nuestro entorno. Quizás por eso, una de las palabras que más oí durante el reportaje fue vergüenza. Por tener que ir al banco de alimentos a llenar el carro o a comer a un comedor de Cáritas, por pedir un trabajo de lo que sea, por mirar en las tiendas de segunda mano, etc.

Y, sobre todo, me asusté con la afirmación de Sebastián Brenes, secretario general de Cáritas: “Seguro que dentro de dos años no te digo que hemos atendido a 1.600.000 personas porque estamos ya muy cerca de nuestra propia capacidad de estiramiento”.  Es decir, que el grifo de la solidaridad empieza también a secarse.  En fin, no os perdáis el reportaje porque merece la pena y esperemos que 2011 sea mejor.


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