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De puntillas por Ucrania (IV): Pobre Chernóbil

En el museo de Chernóbil se guardan las chapas de las casas deshabitadas tras la catástrofe nuclear en 1986

En el museo de Chernóbil se guardan las chapas de las casas deshabitadas tras la catástrofe nuclear en 1986

Hace unas semanas empecé a contaros mi viaje a Ucrania. Os he hablado de sus contrastes, de las precarias condiciones de vida para muchos de sus habitantes o de cómo la catástrofe nuclear sigue condicionando el presente y, sobre todo, el futuro de mucha gente de mil y una maneras distintas.

172 pueblos fueron desalojados y permanecen hoy en día sin habitar en un área de 30 kilómetros en torno a la central nuclear de Chernóbil

172 pueblos fueron desalojados y permanecen hoy en día sin habitar en un área de 30 kilómetros en torno a la central nuclear de Chernóbil

No se cuántas veces oí y yo misma pensé durante mi viaje ‘pobre crío’, ‘pobre gente’, ‘pobre madre’… y al final, cuando regresé y me senté cómodamente delante de mi ordenador pensé: pobre Chernóbil. Sé que Ucrania no es solo el lujoso Kiev. Ucrania tampoco son solo las aldeas de Irpen, Ivankiv, Dityatkiv, Orane, etc… pero no tengo ninguna duda de que Ucrania en general y Chernóbil en particular serían otras si el 26 de abril de 1986 nunca se hubiese producido.

El famoso parque de atracciones de Pripyat que nunca llegó a inaugurarse

El famoso parque de atracciones de Prypiat que nunca llegó a inaugurarse

En Pripyat cada vez quedan menos resquicios de vida. El tiempo, la vegetación y los saqueos cada vez dan un aspecto más fantasmal a esta ciudad a 2 kilómetros de la central nuclear

En Pripyat cada vez quedan menos resquicios de vida. El tiempo, la vegetación y los saqueos cada vez dan un aspecto más fantasmal a esta ciudad a 2 kilómetros de la central nuclear

Tuve la sensación de que la vida se rompió como un espejo y de que Chernóbil se ha convertido en un gran mausoleo algo macabro. Estatuas, homenajes, recuerdos, museos, objetos, mucho silencio y un infinito dolor. Es una pena que sea tierra contaminada, que no se pueda mandar todo al carajo para construir algo totalmente nuevo que realmente redunde en beneficio de la comunidad.

Kilómetros y kilómetros de tierra perdidos que solo sirven para recordar que todo puede volver a pasar. Millones y millones de euros gastados cada año para no producir nada. Una verdadera sangría para un país con mucha pobreza y un sistema de servicios sociales que no protege a los más débiles porque simplemente brilla por su ausencia.

Los homenajes y ofrendas florales a las diferentes estatuas centraron los actos del 25 aniversario de Chernóbil

Los homenajes y ofrendas florales a las diferentes estatuas centraron los actos del 25 aniversario de Chernóbil

Lo que escribo aquí, en esta ventana personal que es abiertaencanal, es mi viaje sentimental. Esta semana se ha publicado mi otro viaje: el periodístico. No pretendo que sea ni peor ni mejor, ni siquiera más completo. Simplemente es diferente. Otro tipo de relato. Os invito a que los leáis y me dejéis vuestros comentarios.

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El poder de una niña



Haití, un año después

El terremoto de Haití tuvo lugar el 12 de enero de 2010

El terremoto de Haití tuvo lugar el 12 de enero de 2010

Se ha cumplido un año del terremoto que asoló Haití y por lo que leo la situación no ha mejorado todo lo que debiera. Las ONGs que trabajan sobre el terreno certifican que los retrasos se deben principalmente a que la ayuda oficial comprometida por parte de gobiernos de todo el mundo no ha llegado. “Recorrer las calles de Puerto Príncipe doce meses después del terremoto que sembró de muerte y destrucción gran parte del país caribeño, es transitar por un escenario todavía dantesco”, dice Manos Unidas en uno de sus blogs. Médicos del Mundo denuncia que “los Estados están lejos de cumplir sus compromisos en materia de reconstrucción, compromisos que ahora están estancados y para los que las personas llevan esperando demasiado tiempo”.

Intermón Oxfam ofrece datos escalofriantes: “Cerca de un millón de personas sigue viviendo bajo tiendas y lonas y cientos de miles que lo están haciendo entre ruinas aún no saben cuando van a poder regresar a sus hogares. Así, únicamente el 15% de los refugios necesarios ha sido construido. La construcción de nuevas viviendas no puede iniciarse si antes no se retiran los escombros y sólo el 5% de éstos se ha recogido”.

Al terremoto hay que sumarle nuevas calamidades como el brote de cólera. Médicos sin fronteras advierte que “los haitianos continúan enfrentándose a pésimas condiciones de vida y a una epidemia de cólera que afecta a todo el país, pese a haberse producido el mayor despliegue de ayuda humanitaria en el mundo”.

Haití no está ya en la primera línea de la información. Seguramente las últimas noticias sobre violaciones de mujeres y niñas en los campos de refugiados no han movido ni a la solidaridad ni a la donación en masa, aunque lo cierto es que el país sigue necesitando ayuda, incluso más que el primer día.


Pobre clase media

Hace quince días vi un estupendo reportaje en Cuatro. ‘Pobre clase media’, nueva entrega del programa REC, buceó en casi todos los sitios para trazar un perfil certero del nuevo pobre, ese que hasta hace poco tenía trabajo, piso (más bien hipoteca) y una vida por delante y al que ahora sólo le quedan deudas y vergüenza. Me gustó porque desmonta tópicos y acerca en la desgracia a los de siempre con los nuevos. No es que me alegre. Pero es casi una lección de humildad saber que a cualquiera nos puede pasar, que nadie se libra.  Contribuye a mirar y entender de otra manera realidades que antes nos parecían lejanas, casi imposibles en nuestro entorno. Quizás por eso, una de las palabras que más oí durante el reportaje fue vergüenza. Por tener que ir al banco de alimentos a llenar el carro o a comer a un comedor de Cáritas, por pedir un trabajo de lo que sea, por mirar en las tiendas de segunda mano, etc.

Y, sobre todo, me asusté con la afirmación de Sebastián Brenes, secretario general de Cáritas: “Seguro que dentro de dos años no te digo que hemos atendido a 1.600.000 personas porque estamos ya muy cerca de nuestra propia capacidad de estiramiento”.  Es decir, que el grifo de la solidaridad empieza también a secarse.  En fin, no os perdáis el reportaje porque merece la pena y esperemos que 2011 sea mejor.


Las compras justas

Café de comercio justo

Café de comercio justo

Circunstancias profesionales me han hecho informarme sobre  comercio justo, algo sobre lo que, como muchos, reducía al café, chocolate, galletas y palmitos. Soy una persona normal, no más solidaria que el resto, ni más concienciada, ni más comprometida, pero hoy no he podido dejar de preguntarme dónde se ha hecho la ropa que llevo, cuántos críos habrán confeccionado mis playeras deportivas, esas que consigo a precio de ganga porque la crisis aprieta y hay que ahorrar. Me he preguntado a qué precios pagan otros mi 3×2 en el supermercado y cuántas horas de trabajo rídiculamente pagado hay concentrado en la onza de chocolate que me he tomado a media tarde. Y sinceramente, me he sentido mal.

Posiblemente nada de esto cambie radicalmente mis hábitos de compra y muchos que me lean estarán pensando que me meta mis quejas de opulenta con remordimientos de conciencia por el culo y seguramente llevarán toda la razón. Pero no he podido evitar sentirme mal. Así que por lo menos a partir de ahora, pensaré si realmente me hace falta otro pantalón o puedo tirar con los que tengo, me preguntaré si es tan importante estrenar, reflexionaré porque a veces deseo un coche nuevo carísimo pero me parece carísima una lechuga proveniente de la agricultura ecológica. Me cuestionaré si el medio ambiente soportará MI modelo actual de consumo. Leeré las etiquetas de los productos de las tiendas de comercio justo primero y el precio después. Y sobre todo desterraré la idea de que cuando compro un producto de comercio justo ayudo a alguien porque en realidad me estoy ayudando a misma.


El cobrador del Sur

El cobrador del Sur Ya hemos hablado alguna vez en este blog de las desastrosas consecuencias que está teniendo la crisis financiera mundial en los países en desarrollo. La ONGD española  InspirAction afirma que la ayuda mundial en 2010 es de 15.000 millones de euros menos que lo prometido en 2005 por las naciones más ricas del mundo en el G8. Aunque lo verdaderamente curioso es que InspirAction calcula que los países en desarrollo pierden cada año cerca de 130.000 millones de euros en impuestos que dejan de cobrar a las empresas que operan en su territorio, una cifra que supera por mucho el montante que los países ricos destinan a la ayuda al desarrollo (aproximadamente 83.000 millones de euros en 2007). Para el 2015, cuando se supone que se habrán alcanzado los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la cantidad de dinero escamoteada mediante la evasión fiscal ascenderá a casi dos billones de euros.

Con estas escandalosas cifras, InspirAction ha sacado a la calle al cobrador del Sur, un personaje justiciero que cuenta a la gente qué es eso de la evasión de impuestos a los países empobrecidos y que trata de visibilizar una realidad que, aunque ampliamente analizada, parece lejos de solucionarse.


Con sus recortes a otra parte

Mucho me temo que la crisis económica se acabará cebando y terminará lastrando -quién sabe si irremediablemente- el futuro de los que no tienen casi nada, de aquellos que no han participado, ni causado una recesión del Primer Mundo pero que tendrá consecuencias desastrosas en el desarrollo de los países en vías de desarrollo. Sin ir más lejos, aquí en España las ONGs -grandes y pequeñas- llevan meses denunciando un zarpazo a la Ayuda Oficial al Desarrollo. Por dar un solo ejemplo, el tijeretazo de nuestro gobierno (800 millones de euros) permitiría garantizar el acceso a la escuela de más de 10 millones de niños y niñas. Actualmente, hay 1.000 millones de personas en el mundo bajo la extrema pobreza. ¿Cuántas personas más habrá cuando nosotros en el Norte salgamos de la crisis?

Y como de costumbre, vamos a echarle algo de humor

 


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