Archivo de la categoría: Sociedad

Seamos agentes de la red antirumores

Es una de las acciones más interesantes y originales que he visto últimamente. Cansados de todos los rumores  inciertos que rodean al tema de la inmigración y las personas migrantes, el Ayuntamiento de Barcelona ha creado una red antirumores. La Xarxa Barcelona Antirumors trabaja principalmente para combatir esas creencias cada vez más arraigadas de que:

a) los inmigrantes se quedan con las ayudas sociales

b) los inmigrantes colapsan nuestro sistema sanitario

c) los inmigrantes nos quitan el trabajo

d) los inmigrantes empeoran nuestra convivencia porque no se adaptan

¿Y cómo se desactivan estos y otros rumores? Primero informando, pensando y actuando. Segundo, convirtiéndonos en agentes antirumores. Una especie de James Bond antiracista con licencia para contradecir. Porque… es cierto, cada uno de los rumores arriba mencionados tienen contestación.

Así que, a partir de ahora, haz un esfuerzo. No te creas los rumores, busca la información real y, sobre todo, difúndela. Como ejemplo, aquí os dejo un botón:

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De puntillas por Ucrania (V): Lo que más impresiona…ellos y ellas


De puntillas por Ucrania (IV): Pobre Chernóbil

En el museo de Chernóbil se guardan las chapas de las casas deshabitadas tras la catástrofe nuclear en 1986

En el museo de Chernóbil se guardan las chapas de las casas deshabitadas tras la catástrofe nuclear en 1986

Hace unas semanas empecé a contaros mi viaje a Ucrania. Os he hablado de sus contrastes, de las precarias condiciones de vida para muchos de sus habitantes o de cómo la catástrofe nuclear sigue condicionando el presente y, sobre todo, el futuro de mucha gente de mil y una maneras distintas.

172 pueblos fueron desalojados y permanecen hoy en día sin habitar en un área de 30 kilómetros en torno a la central nuclear de Chernóbil

172 pueblos fueron desalojados y permanecen hoy en día sin habitar en un área de 30 kilómetros en torno a la central nuclear de Chernóbil

No se cuántas veces oí y yo misma pensé durante mi viaje ‘pobre crío’, ‘pobre gente’, ‘pobre madre’… y al final, cuando regresé y me senté cómodamente delante de mi ordenador pensé: pobre Chernóbil. Sé que Ucrania no es solo el lujoso Kiev. Ucrania tampoco son solo las aldeas de Irpen, Ivankiv, Dityatkiv, Orane, etc… pero no tengo ninguna duda de que Ucrania en general y Chernóbil en particular serían otras si el 26 de abril de 1986 nunca se hubiese producido.

El famoso parque de atracciones de Pripyat que nunca llegó a inaugurarse

El famoso parque de atracciones de Prypiat que nunca llegó a inaugurarse

En Pripyat cada vez quedan menos resquicios de vida. El tiempo, la vegetación y los saqueos cada vez dan un aspecto más fantasmal a esta ciudad a 2 kilómetros de la central nuclear

En Pripyat cada vez quedan menos resquicios de vida. El tiempo, la vegetación y los saqueos cada vez dan un aspecto más fantasmal a esta ciudad a 2 kilómetros de la central nuclear

Tuve la sensación de que la vida se rompió como un espejo y de que Chernóbil se ha convertido en un gran mausoleo algo macabro. Estatuas, homenajes, recuerdos, museos, objetos, mucho silencio y un infinito dolor. Es una pena que sea tierra contaminada, que no se pueda mandar todo al carajo para construir algo totalmente nuevo que realmente redunde en beneficio de la comunidad.

Kilómetros y kilómetros de tierra perdidos que solo sirven para recordar que todo puede volver a pasar. Millones y millones de euros gastados cada año para no producir nada. Una verdadera sangría para un país con mucha pobreza y un sistema de servicios sociales que no protege a los más débiles porque simplemente brilla por su ausencia.

Los homenajes y ofrendas florales a las diferentes estatuas centraron los actos del 25 aniversario de Chernóbil

Los homenajes y ofrendas florales a las diferentes estatuas centraron los actos del 25 aniversario de Chernóbil

Lo que escribo aquí, en esta ventana personal que es abiertaencanal, es mi viaje sentimental. Esta semana se ha publicado mi otro viaje: el periodístico. No pretendo que sea ni peor ni mejor, ni siquiera más completo. Simplemente es diferente. Otro tipo de relato. Os invito a que los leáis y me dejéis vuestros comentarios.


El maltrato sutil


Dedicatoria formal a una cuidadora informal

Durante los últimos días he conocido, coincidido y entrevistado a personas que cuidan a otras personas. Se les llama ‘cuidadores informales’ en el sentido en que son familia del enfermo al que tratan de hacer más llevadero su mal sin cobrar ningún salario. A mí me gusta más cuidador ‘no profesional’ porque la labor que  realizan, la verdad, es de lo más formal.

Sin esa formalidad de los ‘no formales’ el Estado tendría que gastarse algo así como entre 25.000 y 40.000 millones de euros en concepto de horas de trabajo. Es decir, que cerca del 4% del PIB está en manos de todas esas personas (en su mayoría mujeres, la verdad sea dicha) que silenciosamente, sin pedir ayuda y quejándose muy poco cuidan de su madre con Alzheimer, su pareja con Parkinson o su hijo con esclerosis múltiple, por poner algunos ejemplos.

Los cuidan incluso a costa de su propia salud y ante la impávida indiferencia de gran parte de la sociedad. Alguien me dijo el otro día: “Sí, sí, los cuidadores damos mucho pena, pero ahí queda”. Este post está dedicado a esa persona. Porque me concedió una entrevista a pesar de sus propias dificultades, porque me habló con las tripas y porque retrata con crudeza qué siente una persona cuando le dan una noticia que ni en dos vidas podrías aceptar.

Y sobre todo, se lo dedico, porque me impresionaron sus ojos a ratos tristes, a ratos rabiosos, a ratos angustiados, a ratos enfadadados, a ratos desesperados, pero siempre transparentes.


Currículum solidario

La próxima generación, o lo que es lo mismo nuestros hijos, vivirán peor que nosotros. Al menos eso es lo que nos vienen diciendo desde hace un tiempo. La crisis económica será tan larga y de consecuencias tan graves que los que hoy se preparan para salir al mercado laboral no disfrutarán de nuestro ya de por sí maltrecho bienestar social. Ante eso, ¿protestan? ¿inventan un nuevo modelo? ¿se rebelan? ¿les queda espacio para pensar en los que se han quedado sin nada y seguirán con menos de nada?

Muchas voces dicen que no. Los del vaso medio vacío opinan que los jóvenes viven ajenos a la injusticia social que campa a sus anchas. Pero ahí están los del vaso medio lleno para contraatacar. Los jóvenes se indignan en la misma medida que lo hacen los mayores y, sobre todo, canalizan esa rabia en el nuevo rey de reyes: las redes sociales. En torno al tema ha habido esta semana una discusión muy curiosa a través del blog de Gonzalo Fanjul –‘3.500 millones. Ideas irreverentes para acabar con la pobreza’– que, desde aquí, os recomiendo. Bajo los sugerentes títulos ‘¿Por qué los jóvenes españoles no se indignan? y ‘Jóvenes inquietos e indignados’, el profesor de la Universidad de Comillas Carlos Prieto y la directora de campañas de Intermón Oxfam, Irene Milleiro, muestran cara y cruz. Y los jóvenes han reaccionado. Vaya si lo han hecho. Daos una vuelta por los comentarios.

Más allá de la sana discusión, lo cierto es que tengo que dar la razón a Carlos Prieto cuando dice que la solidaridad no forma parte de nuestro curriculum vitae. Y debería. ¿Aprendemos -o mejor dicho, nos enseñan- desde pequeños el significado de la solidaridad? ¿nos forman más como profesionales de éxito que como personas de éxito?  ¿las universidades deberían parir ciudadanos críticos y comprometidos (además de eso tan cursi de “de aquí saldrán los líderes del mañana”)?

Universidades como la de Comillas o País Vasco -incluida la privada de Deusto-están empezando a apostar porque los universitarios tengan más contacto con entidades sociales y participen más en la mejora de su comunidad (más cercana o lejana pero no virtual). Yo que queréis que os diga pero me parece una iniciativa de lo más acertada. Con suerte, quizás hasta las generaciones futuras empiecen a entender la economía de otra manera…


Ministras sin hijos ni viajes

 

A veces la igualdad nos ofrece espejismos tramposos más que realidades. La frase no es mía sino de Carlos Lomas, uno de los ponentes que hace unas semanas estuvo en el bilbaíno Palacio Euskalduna hablando sobre qué camino hemos recorrido en esto de ser iguales hombres y mujeres y qué trecho nos queda todavía. Yo diría que mucho.

Carlos Lomas puso un ejemplo, uno de esos ejemplos que te ofrecen la medida de las cosas. En 2004 se constituyó el primer gobierno paritario de la democracia española. Todos y todas corrimos a celebrarlo. Igual número de hombres y mujeres. Mujeres en carteras importantes. Pues bien. ¿Saben cuántos hijos tenían entre todos los ministros? 24. ¿Saben cuántos hijos tenían entre todas las ministras? 3. Está claro que el camino a la igualdad todavía no tiene los mismos peajes para hombres y mujeres.

Otro ejemplo. Esta vez a cargo de otra de las ponentes, la premio Nobel de la Paz 2003, Shirin Ebadi. Históricamente la mujer iraní ha sido educada y preparada. Copan las universidades y tienen acceso a altos cargos. De hecho, el ministerio de Sanidad está ocupado por una mujer. Pero, ¿qué pasa si  Marzieh Vahid Dastjerdi tiene que ir a una cumbre de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra? Tiene que pedir permiso formal a su marido ya que las mujeres iraníes no pueden viajar al extranjero sin el consentimiento de sus esposos. No me cabe duda de que hemos avanzado mucho. Ni siquiera dudo de que los hombres y las mujeres de hoy son más iguales que hace 20 años, aunque cuidado porque no está todo hecho ni mucho menos.

Un síntoma es que nos siguen preocupando las mismas cosas: cómo conciliar la vida laboral y familiar y no morir en el intento y la transmisión de valores que poco tienen que ver con la equidad de género por parte de los medios de comunicación.

¿Será que hay que en esto de la igualdad hay que implicar hasta el último pelo, desde el ámbito más privado hasta la institución pública más alta?

Ilustraciones de Marta R. Román


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