Archivo de la etiqueta: consumo

Descubriendo el decrecimiento

Nunca me había fijado, la verdad, pero el otro día fuí al banco y comprobé que financian todo tipo de productos y hasta cosas absurdas: un coche, una moto, un viaje en verano, un viaje en invierno, un robot de cocina, un purificador de agua, un televisor… Fijáos un día cuando vayais a hacer alguna gestión. No sé si en ausencia de nuevas hipotecas, los bancos nos proponen esta forma de metadona.

Supongo que nos hemos acostumbrado a este ficticio estado de bienestar de felicidad a plazos que no estoy tan segura de que tenga los días contados. La verdad que no sé si la crisis supondrá realmente un cambio de valores o saldremos de ella con hambre atrasada.

Hay quien piensa (no me atrevo a decir si son muchos o pocos) que ha llegado la hora de dejar de crecer, de acumular, de producir, de consumir. De trabajar menos, ganar menos, tener menos y, sobre todo, querer menos a cambio de ser más felices. Decrecimiento y simplicidad voluntaria en pro de un buen vivir.

Suena genial. Es tan de sentido común que cuesta no contagiarse. El problema es que actualmente sigue siendo una tendencia contracorriente. No obstante, merece la pena ahondar en esta nueva teoría socioeconómica que quizás sea el nuevo paradigma de nuestros hijos y nietos.

.


Las compras justas

Café de comercio justo

Café de comercio justo

Circunstancias profesionales me han hecho informarme sobre  comercio justo, algo sobre lo que, como muchos, reducía al café, chocolate, galletas y palmitos. Soy una persona normal, no más solidaria que el resto, ni más concienciada, ni más comprometida, pero hoy no he podido dejar de preguntarme dónde se ha hecho la ropa que llevo, cuántos críos habrán confeccionado mis playeras deportivas, esas que consigo a precio de ganga porque la crisis aprieta y hay que ahorrar. Me he preguntado a qué precios pagan otros mi 3×2 en el supermercado y cuántas horas de trabajo rídiculamente pagado hay concentrado en la onza de chocolate que me he tomado a media tarde. Y sinceramente, me he sentido mal.

Posiblemente nada de esto cambie radicalmente mis hábitos de compra y muchos que me lean estarán pensando que me meta mis quejas de opulenta con remordimientos de conciencia por el culo y seguramente llevarán toda la razón. Pero no he podido evitar sentirme mal. Así que por lo menos a partir de ahora, pensaré si realmente me hace falta otro pantalón o puedo tirar con los que tengo, me preguntaré si es tan importante estrenar, reflexionaré porque a veces deseo un coche nuevo carísimo pero me parece carísima una lechuga proveniente de la agricultura ecológica. Me cuestionaré si el medio ambiente soportará MI modelo actual de consumo. Leeré las etiquetas de los productos de las tiendas de comercio justo primero y el precio después. Y sobre todo desterraré la idea de que cuando compro un producto de comercio justo ayudo a alguien porque en realidad me estoy ayudando a misma.


A %d blogueros les gusta esto: