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De puntillas por Ucrania (III): La ducha

Ducha al aire libre en una casa de Irpen (Ucrania). Para poder lavarse con agua caliente, primero es necesario verter el agua en el cubo negro y dejar que el sol la caliente

Ducha al aire libre en una casa de Irpen

En pleno siglo XXI y en el corazón de Europa. Cuatro personas, dos adultos y dos menores, se duchan al aire libre en este invento que veis en la imagen. En invierno se calienta el agua en la cocina primero y se vierte en el cubo negro después. En verano simplemente se vierte el agua y se espera a que el sol haga su trabajo.

A los que vivimos razonablemente bien, nos cuesta imaginar esta realidad. Pero existe. En esta casa de la aldea de Irpen no hay baño, ni agua caliente. En otras, ni siquiera hay agua. No pude evitar pensar cómo será en invierno con temperaturas de 20 grados bajo cero. Por eso, cuando le pregunté a uno de los menores si le gusta más el invierno o el verano, me miró con cara de ‘me estás tomando el pelo, ¿no?’. Sí. La pregunta fue totalmente estúpida.

Y me vuelvo a trasladar 30 años atrás para recordar cuando iba al pueblo, a casa de mi abuela que no tenía baño sino una letrina en el corral. Aquí estoy en 2011 en otra letrina. Y vuelvo a pensar cómo será en invierno salir en plena noche a 20 grados bajo cero.

La cabeza de familia (porque es una mujer) gana el equivalente a 140 euros al mes, algo habitual en un país donde el sueldo medio de un ucraniano es de 200 dólares mensuales. Y me planteo ahora cómo puede haber gente que todavía dude de la necesidad de que muchos niños y niñas vengan a pasar dos meses en verano a cualquier comunidad de España.

25 años después del desastre nuclear de Chernóbil, sus consecuencias no son sólo visibles a través de enfermedades provocadas por la radiación. Quizás la verdadera catástrofe es la pobreza, el subdesarollo, el abandono y la falta de expectativas.  Y a diferencia de la radiactividad, no son enemigos invisibles. Se ven, se sienten y hasta se pueden oler.

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De puntillas por Ucrania (I): Ni una iglesia pobre

Diréis que ya son ganas de meterme con la Iglesia, pero no. Sinceramente es el primero de los muchos contrastes difícilmente digeribles de los que he sido testigo en un viaje de siete días que he realizado por la zona norte de Ucrania durante Semana Santa.

La verdad es que no lo he preguntado pero en Ucrania deben ser bastante religiosos. Todas las iglesias, altares o cruces que he tenido la oportunidad de ver están impolutos.

Catedral en Kiev

Catedral en Kiev

Desde las impresionantes catedrales de Kiev, pasando por las iglesias en lugares tan deprimidos como Irpen o el altar que existe en uno de los pasos a la central de Chernobil en Dityatkiv, por citar algunos ejemplos.

Iglesia en Irpen

Iglesia en Irpen

Y quizás no me llamaría nada la atención este hecho si no fuese por el descuido de otras muchas cosas. Sin ir más lejos, el parque móvil. Es cierto que en Kiev se ven lujosísimos coches -he visto la mayor flota de Hammers de mi vida- pero a medida que avanzas hacia el interior -tampoco hace falta mucho, unos 30 kilómetros- vas notando que los desvencijados y roñosos modelos Lada son los reyes de la carretera. Coches que son un verdadero desastre medioambiental -vete allí a vender un plan renove- son la norma en muchas aldeas.

Los Lada siguen siendo habituales en Ucrania

Los Lada siguen siendo habituales en Ucrania

El transporte público no es mucho mejor. Barato, eso sí, pero viejo, muy viejo. Y aquí sí que no hay diferencia entre capital y pueblos. El metro de Kiev con sus asientos de color marrón me recordaban a los sofás de escay de los años 70. El trolebús y los autobuses -más bien microbuses- me mandaron también varias décadas hacia atrás en el tiempo.

Interior del metro de Kiev

Interior del metro de Kiev

Trolebús en Kiev

Trolebús en Kiev

Lo cierto es que me pregunté si el humo de todos aquellos antiquísimos vehículos vertidos a la atmósfera no dañarán tanto o más los pulmones de los ucranianos que la tan temida radiactividad.

Y sobre la Iglesia, me sigue sorprendiendo una vez más como claman contra la pobreza pero no predican con el ejemplo.


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